Archivo de la categoría: Apuntes de Historia

11 de septiembre………….de 1973

……Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.” (Salvador Allende, 11 de Septiembre de 1973)

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SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE

En mayo de 1968 se produjo en París, una de las mayores protestas de los últimos tiempos. Los estudiantes iniciaron las protestas contra la situación social, la guerra de Vietnam, etc. A esas protestas se unieron los trabajadores de la industria, declarándose una huelga general multitudinaria que paralizó el país y puso al gobierno en un grave aprieto.
Esta reacción estudiantil dio lugar a lemas muy curiosos, por ejemplo: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “Una vez abres los ojos, no los puedes volver a cerrar”, “Debajo de los adoquines está la playa“,…
Incidentes similares se produjeron en más países, la conocida “Primavera de Praga” en Checoslovaquia terminó con la intervención de las tropas del “Pacto de Varsovia” , las revueltas estudiantiles en México que concluyeron con una dura represión con miles de víctimas.

Aquiles y la tortuga

Cuentan que Zenón , filósofo de Elea empeñado en demostrar la imposibilidad de la existencia del movimiento, realizó el siguiente argumento:

“El guerrero Aquiles el de los pies veloces decide salir a competir en una carrera contra una tortuga. Ya que corre mucho más rápido que ella, y seguro de sus posibilidades, le da una gran ventaja inicial. Al darse la salida, Aquiles recorre en poco tiempo la distancia que los separaba inicialmente, pero al llegar allí descubre que la tortuga ya no está, sino que ha avanzado, más lentamente, un pequeño trecho. Sin desanimarse, sigue corriendo, pero al llegar de nuevo donde estaba la tortuga, esta ha avanzado un poco más. De este modo, Aquiles no ganará la carrera, ya que la tortuga estará siempre por delante de él.”

El Batallón Sagrado de Tebas

El Batallón Sagrado de Tebas era un cuerpo de elite del ejercito griego que existió en el siglo IV aC. Fue el comandante tebano Górgidas quien lo creó y le dio sus principales características.
El Batallón Sagrado lo formaban 300 hombres, o mejor dicho, estaba compuesto por 150 parejas de amantes. Las parejas las formaban, normalmente, un veterano llamado Heniochoi (conductor) y otro componente más joven llamado Paraibatai (compañero).
La homosexualidad en Grecia no sólo era tolerada sino que en determinados casos era bien vista y otorgaba cierto estatus. Incluso en el ejército griego no eran raras las relaciones homosexuales entre compañeros. Hay numerosos casos de héroes militares que tenían pareja masculina como Terón, Harmodio , Aristogitón, el mismísimo Alejandro Magno y hasta héroes mitológicos como Aquiles (y Patroclo).

El final del Batallón fue trágico. Durante la batalla de Queronea, en la que las ciudades-estado griegas se enfrentaron a Filipo II y a su hijo Alejandro Magno, toda la infantería griega cedió ante el empuje del ejército macedonio, dio media vuelta y “avanzó”.

Todos menos los 300: los 150 amantes que rodeados por las tropas de Alejandro decidieron resistir hasta el final encontrando allí su muerte.

Así lo narra Plutarco:”Victorioso Filipo posó su mirada en los cadáveres y preguntó: quiénes son éstos trescientos muertos abrazados entre sí, hundidos y acoplados en muerte y en amor.
Le respondieron: son los de Tebas el Batallón Sagrado de Pelópidas de amantes y de amados, los viriles de Tebas de la estirpe de Layo.
Filipo respondió: Perezca el hombre que sospeche que estos hombres o sufrieron o hicieron algo inapropiadamente”.

Los comuneros de Castilla

Las campanas de San Pablo
han cesado de tocar.
De pie, los procuradores
se yerguen para mirar.
Al rey postrado de hinojos
a la izquierda del altar.
El de Burgos, por las cortes
le ha comenzado a exhortar:
“si nos hallamos reunidos
es por haceros jurar
los fueros y libertades
que tendréis que respetar.
Una vez que hayáis jurado,
las cortes os juraran
Soberano de Castilla,
sin deciros majestad,
que es tratamiento extranjero
que Castilla no ha de dar.
A la reina doña Juana
os queremos recordar.
Tendréis dos tronos parejos,
siendo el suyo el principal.
Si vuestra madre está enferma,
algún día sanará,
y nunca un príncipe debe
sus mayores desplazar.
Si el tiempo se le hace largo
y lo trata de abreviar,
la maldición le acompañe
para todo su reinar.
No se os oculte que el pueblo
se comienza a impacientar
al ver tanto extranjero
ha invadido la ciudad.
Siempre hablándose en su lengua
y siempre sin escuchar,
los flamencos se reparten
lo mejor de la heredad
y en el reino se conducen
como en quinta de su holgar.
Hoy les hemos expulsado
de la sala principal,
por estar entre nosotros
y por poderos hablar
como aquí se habla a los reyes,
sin temor a la verdad.
Mercenario sois del reino,
nunca lo habréis de olvidar.
Si al servicio estáis del pueblo,
el pueblo os lo pagará.”

Aníbal y Escipión, enemigos íntimos.

En un ocasión, Aníbal, cartaginés, y Escipión, romano, coincidieron en la corte de Antíoco, rey de Siria. Escipión le preguntó al cartaginés sobre quién era en su opinión el mejor general de la historia. Aníbal contestó que Alejandro Magno. “¿Y luego?”, preguntó Escipión. “Pirro” rey del Epiro, fue la respuesta de Aníbal. “¿Y en tercer lugar?”, volvió a preguntar el romano. “Yo”, aseguró el cartaginés.
Escipión le había vencido en la batalla de Zama y le replicó: “¿Y qué dirías si hubieses vencido tú en Zama?”. Aníbal argumentó que “en ese caso me tendría por el mejor caudillo de la historia”.
Inteligente respuesta del caudillo cartaginés que en su niñez juro odio eterno a los romanos, que en esencia magnificaba a su par Escipión, como el único que había logrado vencerle en un campo de batalla.

La derrota de las Trade Unions frente a la Dama de Hierro

Durante el segundo mandato de Margaret Thatcher, el primer problema grave de la Dama de Hierro, fue el relacionado con la huelga de mineros a partir de marzo de 1984.
Las Trade Unions, el hegemónico e histórico sindicato británico querían impedir que el Gobierno conservador británico cerrara decenas de pozos, lo que hubiera supuesto la pérdida de más de 20.000 puestos de trabajo. No era la primera huelga, las anteriores de 1972 y 1974 supusieron enormes éxitos sindicales en un sector en decadencia y de nula viabilidad económica.
Enfrente, la premier británica se encontraba en su pleno esplendor político tras haber salido victoriosa de la guerra de las Malvinas.
El enfrentamiento titánico entre ambos “transatlánticos” se saldó con una derrota estrepitosa del movimiento sindical, básicamente por dos razones según las fuentes consultadas sobre esta materia:
a/ Falta de legitimación de la huelga: Las Trade Unions lideradas por Scargill, se negaron sistemáticamente a que en los pozos de votara en referéndum la decisión de acudir a la huelga, como les reclamaba la Thtcher, lo que a la postre restó credibilidad a la convocatoria.
b/ Falta de adaptación a los nuevos tiempos: el sindicato minero no fue capaz de adaptarse a los nuevos tiempos que habían surgido en el mundo tras la crisis de los años 70. Los ciudadanos británicos, hartos de tanto paro e inflación, estaban dispuestos a afrontar el proceso de liberalizaciones económicas que proponía el Gobierno conservador, aunque ello supusiera la reducción del peso del Estado en la economía. Y, por lo tanto, una disminución de los niveles de protección social en aras de encontrar más fácilmente un puesto de trabajo y reducir la carestía de la vida. Thatcher, como Reagan en EEUU, fueron capaces de generar a su alrededor un alto consenso social.
La batalla fue dura y a veces violenta. Los enfrentamientos con la policía se cobraron decenas de heridos, pero los mineros eran duros de roer y lograron mantener en jaque durante más de un año a la Dama de Hierro. Al final, sin embargo, perdieron. Los pozos se cerraron y el movimiento sindical británico sufrió una derrota de la que todavía no se ha recuperado. Thatcher mermó el poder de los trade unions y se aprobó la posibilidad de despedir a un trabajador por su participación en una huelga.

El fracaso de los mineros dejó, además, malparado al líder laborista Neil Kinnock en el imposible intento de tratar de llegar a un compromiso. Una reforma legal posterior hizo responsables a los sindicatos de los daños causados en huelgas no votadas; en adelante fue necesario, además, el sufragio secreto para la elección de cargos sindicales y para la afiliación de los sindicatos a partidos.